Estás ganando margen bruto. Estás perdiendo dinero. Las dos cosas a la vez.
Hay un tipo de empresa que factura bien, crece en volumen y aun así encadena meses con la tesorería bajo mínimos. El problema rara vez está en ventas. Está en que el precio de cada producto no cubre lo que cuesta mantener la empresa en pie.
Los costes directos son visibles: materia prima, coste de adquisición, producción. Los de estructura, no: el alquiler de las oficinas, los salarios del equipo administrativo, las licencias de software, los suministros. Nadie los asigna de forma explícita a cada unidad vendida. Y ahí está el error.
Cuando el precio se fija mirando solo el coste directo del producto, el margen bruto existe sobre el papel. Lo que no existe es rentabilidad real. Cada venta financia una parte del producto; la estructura la paga quien quiera que quede al final del mes, que normalmente es el cash.
El escandallo no es burocracia. Es aritmética.
Un escandallo de costes bien construido responde a una sola pregunta: ¿cuánto tiene que costar este producto para que la empresa gane dinero de verdad, no solo en la cuenta de resultados?
Para calcularlo hay que manejar cuatro variables:
- El coste de estructura total del periodo
- El coste directo global de la actividad
- El coste directo específico del producto que quieres tasar
- El margen neto que exiges obtener
Con esos datos, la carga estructural se distribuye de forma proporcional sobre cada producto. El precio resultante ya no es una estimación ni una intuición: es el mínimo por debajo del cual cada venta destruye valor.
El problema histórico del escandallo es que hacerlo bien requería hojas de cálculo complejas, actualizaciones manuales y margen de error humano. El resultado era que muchas empresas lo calculaban una vez al año, si lo calculaban.
Calculadora de Escandallos de Atalaya
La Calculadora de Escandallos de Atalaya hace ese reparto de forma automática. Introduces las cuatro variables, el sistema distribuye la estructura proporcionalmente y te devuelve el precio mínimo recomendado para cada producto. Sin fórmulas, sin hojas de cálculo, sin riesgo de error en el prorrateo.
Si tienes un catálogo dinámico o una estructura de costes que cambia con frecuencia, puedes recalcular en segundos cada vez que algo varía.
Comprueba ahora si tus precios actuales cubren lo que cuestan:
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Es gratuita y no requiere registro.




